Buscando visa para un sueño…

Por: Lilian Magaña

Juan Luis Guerra en una de sus canciones cita:

“Buscando visa, la razón de ser, buscando visa para no volver… Buscando visa para un sueño… Buscando visa, la necesidad, buscando visa, qué rabia me da… buscando visa, golpe de poder, buscando visa, qué más puedo hacer… Buscando visa, para naufragar, buscando visa, carne de la mar, buscando visa, la razón de ser, buscando visa, para no volver”

Y es el reflejo de la historia de muchos que “buscan visa para alcanzar un sueño”, con la falta de oportunidades que se nos están dando en Colombia a los profesionales, muchos deben migrar en busca de un mejor porvenir… Algunos cuentan con el apoyo de sus familias, amigos y reciben todas las indicaciones para su viaje, pero otros salen sin conocer a qué se pueden enfrentar y con miles de dudas en sus mentes, arriesgando su dinero, su salud y sobre todo esos sueños por los que apuestan con pasión.

Si buscamos en la red cuántos kilómetros hay de Colombia a Chile, nos encontramos con que son 89 horas y 6479,9 kilómetros desde Bogotá hasta Santiago…  casi cuatro días si viajáramos sin interrupción, pero obvio con paradas, descansos y demás el viaje se demora alrededor de siete días…

Siete días en los que vas dentro de un bus, conviviendo con muchas personas, pasando noches de frio, tardes calurosas, momentos de tensión, problemas de salud, mareos, indigestión por los cambios de alturas, pero sobre todo ese sinsabor a lo desconocido…

Y de esas historias de lucha está la de Paola*, una bella mujer de grandes ojos, oriunda de esas bellas zonas cafeteras colombianas, profesional, luchadora, una aguerrida que encarna la representación de muchas de nosotras, mujeres que con hijos y un título universitario, que dejamos todo en Colombia por ir en busca de un futuro para nuestras familias…

Paola hoy vive en Santiago y aunque es una profesional, por el momento está haciendo otro tipo de trabajo mientras logra validar su título y puede ejercer aquello para lo que se formó. Se vino sola, pero la acompañan el recuerdo de sus hijos y es por ellos por quienes cada día se levanta a dar lo mejor de sí. En Colombia fue una líder en labores sociales y luchó por temas de igualdad, pues es una convencida de que todo puede cambiar para mejor.

Ella emprendió su viaje desde Cali, al suroccidente del país, desde la sucursal del cielo viajó porque quería luchar por los derechos de las mujeres inmigrantes, ella era consciente de que no sería fácil pero su tenacidad la llevó a tomar la decisión. De esas mujeres que aún disfrutan el viajar e ir admirando paisajes y con el objetivo de vivir en carne propia aquellas situaciones a las que se enfrentan quienes viajan por tierra abordó un bus de la terminal de Cali a las 11 de la noche, atravesando el sur occidente colombiano para encontrarse con la frontera ecuatoriana a las ocho de la mañana. Allí debía presentar su documentación requerida.

Paola viajó sola, una amiga la esperaba en Chile, pero su travesía la haría sola… siete días en los que no tendría comunicación con su familia, pues perdía la señal de su celular, siete días en los que aquellos que venían a su lado se convertirían en sus amigos, siete días en que sus sueños viajaban de su mano…

En la frontera tardaron cuatro horas entre los requerimientos colombianos y ecuatorianos, en el bus tomaban el desayuno y el almuerzo, iban todos al mismo baño y sus horas de descanso eran tantas que llegaban a rayar con el cansancio… Su próxima parada fue en Lima – Perú donde por fin puedo dormir en una cama de hotel.

Los costos de su tiquete fueron alrededor de 950.000 mil pesos colombianos, algo más que un sueldo mínimo, y para mucho una inversión grande por un porvenir incierto.

De Ecuador a Perú fueron tres días, de Lima a Tacna un día y de Tacna a Santiago dos días… siete largos días en los que muchos sentimientos pasaban por su cabeza y su corazón… durante este tiempo solo se pudo duchar tres veces, fueron diversos climas los que atravesó viajando hacia el cono sur.

Paola venia sentada en la silla 43 del bus, aquella que está cerca del baño, a ella le habían indicado que en la mañana le darían el desayuno al amanecer; frente a ella venían un par de jóvenes que iban hacia Ecuador y Argentina, a las 5:45 de la mañana cuando aún la luna se niega a retirarse y el sol esboza sus primeros rayos uno de los muchachos ingresó al baño y salió de repente un fuerte olor a perfume barato, de esos que molestan y empalagan el olfato. Su compañero de viaje empezó a repartir de la nada un jugo con un sándwich de jamón; según lo que indicó “el conductor le había pedido que entregara el desayuno”, cuando Paola recibió es jugo de repente su cuerpo empezó a enviar alertas pues sintió mareos y extrañas sensaciones de zozobra, sus piernas se fueron debilitando, pero su fortaleza mental la hizo recordar que en su bolso de mano traía todos sus documentos y los dólares que con esfuerzo había logrado ahorrar para el viaje.

Rápidamente ella se levantó de la silla y se dirigió hacia la mitad del bus donde empezó a gritar que la ayudaran que se sentía mareada y que ese olor a perfume junto con el “desayuno” de repente la habían hecho sentir mal… con la solidaridad que nos caracteriza muchos vinieron a auxiliarla y le dieron agua para disminuir su ansiedad y algo de alcohol para oler y disminuir sus mareos.

Uno de los tres conductores fue a verla y le indicó que pararían en una estación de policía cuando pasaran la frontera con Ecuador. Al llegar donde los uniformados ya habían pasado tres horas del incidente y sus signos vitales se habían estabilizado. A los jóvenes los requisaron e hicieran que uno de ellos se bajara del bus pues tenía en su poder varias bolsas con un polvo blanco.

La Policía indicó que la estadística con este tipo de “escopolamina” es brindar a una persona esta droga para no levantar sospechas, de cuatro desayunos, tres están buenos y uno lleva la droga; el olor a perfume es para distraer y confundir a la víctima.

Cuando Paola vivió esta situación, el joven que había entregado el “desayuno” se le acercó y le indicaba al oído que se calmara que qué le pasaba, que todo estaría bien… ella recuerda que en su voz había mucha maldad y eso en vez de generarle temor la hizo ser más fuerte…

Los conductores encararon a los jóvenes y ellos se hacían los dormidos y tapaban sus caras con pasamontañas, Paola debió continuar sentada frente a ellos pues no había más sillas, solo hasta Perú pudo cambiarse de puesto… su viaje entre Colombia y Perú estuvo callada y distante pues tenía temor de que en retaliación le hicieran daño.

“El que vive esto, sabe sinceramente lo que se siente” relata Paola, y es que la historia de muchos se puede ver frustrada por actos delincuenciales y dañinos, por parte de gente inescrupulosa.

Cuando decidas salir tras tus sueños asegúrate de tomar las medidas de seguridad conducentes, tener a mano tus documentos, viajar con un chequeo médico previo, contar con agua y los medicamentos que tradicionalmente tomes, contar con ropa cómoda y adecuada para el viaje, alimentarte de acuerdo con el viaje no ingerir comidas pesadas e intentar descansar en lo que sea posible…

Cuando salgas a buscar la visa para cumplir tu sueño recuerda que hay muchos tantos que son especialistas en “poner muros” para hacerte volver…

*Paola es un nombre ficticio para proteger la identidad.